26 mars 2007

Wurtz (GUE/NGL). -Señor presidente;

 

Señor Presidente, en ejercicio de

la Comisión Señor

Comisario, estuve ayer con otros 18 parlamentarios europeos de seis grupos diferentes de nuestro Parlamento en el campo de refugiados de Yenín. Cuando esta noche hemos sabido que en el momento de nuestra salida de Jerusalén, Ariel Sharon se oponía a la llegada de una comisión para el establecimiento de los hechos intervenidos en el campo de Yenín mientras esta comisión, situada bajo la protección de

la ONU

, se componía de personas tales como el ex presidente del comité internacional de

la Cruz Roja

, o la antigua Alto comisario de los refugiados, cada una y cada uno de nosotros comprendió inmediatamente la razón de este nuevo desafío lanzado por el primer ministro israelí a la comunidad internacional. En efecto, en Yenín, un tercio de la ciudad, que en el último mes contaba todavía con 15 mil habitantes, está en ruinas. En los edificios devastados, las familias se reagrupan en aquellas zonas de los edificios que todavía se mantienen en pie, con el riesgo de que sus casas se derrumben sobre ellas. En un barrio de las afueras, una explanada inmensa se extiende delante de nosotros, allí donde hace un mes se levantaban decenas de edificios de tres o cuatro plantas, tan solo quedan unos trozos de estructuras metálicas que emergen del suelo, este suelo que se pisa sin saber con certeza la cantidad de cuerpos sepultados bajo los escombros.  En total 47 cuerpos pudieron ser rescatados de entre las ruinas ese día. Cuando las verdaderas búsquedas puedan emprenderse, esta cifra corre el peligro, por desgracia, de revisarse con crueldad.

 

Las historias de sus habitantes y las pruebas tangibles nos helaron la sangre. Numerosos  soldados, de entre aquellos soldados que sitiaron el campo de refugiados el 2 de abril, sintieron lástima de la población civil, que se componía de niños, de personas de edad avanzada, de minusválidos, de heridos.

 

Esta actitud es totalmente inaceptable, íbamos allí a enterarnos de situaciones escalofriantes en nuestro encuentro con el cuerpo médico del hospital del campo que relata detalladamente estos días de oscuridad. El 4 de abril a las 15 horas, nos dijeron, el ejército cercó el hospital con 22 carros de combate. «Nos prohibieron movernos», dijeron. «Si una ambulancia se mueve, disparamos», previno el general israelí al médico. Efectivamente abrieron fuego sobre

la Cruz Roja

, intentando penetrar en el campo. «No tuvimos autorización para salvar a los heridos supervivientes», nos dicen los médicos. A un médico que preguntaba por su madre, le respondieron que estaba herida y no era posible verla. La encontraron más tarde acribillada a balazos. El mismo día, carros de combate atacaron el hospital y destruyeron las reservas de oxígeno. Para detener  la hemorragia de un herido cuyo tórax fue traspasado por una bala, tuvimos que usar un hilo de hierro. Suplicamos a los soldados que nos permitieran asistirlo. «Va a perder el brazo», gritaba el médico. Y el soldado respondió: «¿por qué no pierde la vida?».  Se llevaron a ese herido junto a otros dos después de seis horas de espera a pleno sol. No sabemos qué ha sido de ellos.  Un joven viene al hospital a por los medicamentos para su madre. A la entrada del hospital, un carro dispara sobre él y lo hiere. Una enfermera intenta meterle en el interior.  «Si le tocas, estás muerta» le dicen. Después, un soldado remata al herido antes de llamar a la enfermera para que vaya a recuperar el cuerpo. Tales exacciones llevan un nombre: tienen todas las trazas de un crimen de guerra. Esto no tiene que ver nada con la defensa legítima de la seguridad de Israel. No hay que buscar en otro lugar la razón para la cual Ariel Sharon intenta hoy acabar, cueste lo que cueste, con la búsqueda de la verdad por medio de una comisión autorizada por

la   ONU.

 Como

ha declarado esta mañana un oficial israelí a

la Une

del Jerusalem Post, cito: «somos un país soberano, no tenemos que aceptar ese tipo de exigencias que nos han sido impuestas. Para nosotros es mejor soportar unos días de mala publicidad que vivir con las consecuencias de un informe hipócrita».

 

La conclusión que deberíamos obtener, a mis ojos, es que hace falta que la comunidad internacional, en primer lugar, le recuerde a esta gente la diferencia entre un país soberano y un territorio ocupado; y en segundo lugar, les dé claramente a entender que el tiempo de la impunidad ha acabado. No serán tan solo unos pocos días difíciles.

 

Sharon tendrá que rendir cuentas tarde o temprano. Sí, ya es hora de reaccionar con mucha más firmeza. Reaccionar, porque de no hacerlo seríamos cómplices de lo inaceptable. Reaccionar aún más ya que Yenín no es un caso aislado. Hay que conocer la verdad sobre todas las ciudades que fueron reocupadas, en particular Nablús donde se han sucedido también otras muchas atrocidades. Reaccionar porque la impunidad anima la arrogancia. Muchos de nuestros interlocutores – tanto palestinos como israelíes-, y entre ellos la vicepresidenta Chazan, de

la Knesset

, nos dijeron temer un posible asalto contra el cuartel general de Arafat.  ¿Y qué  repercusiones habría, desde otro punto de vista, con la detención del dirigente palestino y el diputado palestino Barghouti? Además, en Belén nada está en regla aunque las discusiones estén en proceso.  Además, Ariel Sharon anunció el desarrollo de operaciones militar en la franja de Gaza.  También declaró que no se planteaba la evacuación de la menor de las colonias. Sí, reaccionar sin esperar un más que probable sobresalto por parte de los Estados Unidos, cuyo presidente insulta a los palestinos y se ridiculiza a él mismo presentando a Sharon como un hombre de paz.

 

Reaccionar, tomar responsabilidades. Esto quiere decir y así lo creo, que nosotros, parlamentarios, además de la ayuda urgente tan necesaria, debemos comprometernos a fondo a favor del envío de esta fuerza de interposición, no para colaborar con la guerra si no para contribuir a la paz. Esto también quiere decir que hay que ejercer la presión máxima en el espíritu de la resolución que adoptamos hace dos semanas sobre los que bloquean al Consejo la revisión necesaria de las relaciones entre

la Unión Europea

e Israel.  Reaccionar, responsabilizarse, esto quiere decir al fin, Señor Presidente, como Parlamento Europeo,  de lo que directamente depende de nosotros.   A este respecto, quiero hacerme eco aquí de un llamamiento que nos lanza el presidente Abú Alá del Consejo legislativo palestino.  «Es en los momentos críticos en los que se reconoce a los amigos», dijo «acogeré con alegría tanto a una delegación de su Parlamento, como a su presidente».  Todavía no es, a mi juicio, momento para responder a esta invitación y, paralelamente, lo es de devolverle a Abraham Burg, presidente de Knesset, la visita que acaba de hacernos.  Mostraríamos claramente que no criticamos a Israel. Condenamos a Sharon.

 

Lo que queremos es una paz duradera que se apoye en la justicia y la dignidad, porque por primera vez desde el 1948 los países árabes ofrecen esta perspectiva. Es una ocasión histórica que hay que aprovechar.  Sería un honor para Europa no escatimar fuerzas para que esta oportunidad única de esperanza pueda aprovecharse.

 

(Aplausos) 

Posté par OlayaUAX à 19:07 - Commentaires [0] - Permalien [#]


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